Vang Vieng: Paraíso motoquero

Llegamos a Vang Vieng con expectativas altas. Sabíamos que tenia cuevas, lagunas, grandes vistas desde montañas. Muchas cosas lindas para hacer y ver. Siempre nos entusiasma tener variedad de actividades en una ciudad. Nos llena de energía y de planes.

El hostel era genial! Camas grandes y cómodas. Las habitaciones super frescas y a la noche con AC. Tenía desayuno incluído, juegos en la sala común y pileta. Qué más podíamos pedir?

Estuvimos 4 días en Vang Vieng… de los cuales … llovió … los… 4 días… QUE PUTA SUERTE!  (si querés saber qué hacer ahí click acá)

Aunque hubo un día, creo que fue el tercero, que al principio, al menos, no llovió. Con esa motivación decidimos salir a recorrer el pueblo. Este tenía 15 cuadras como muuucho, y en realidad, la parte interesante eran dos avenidas, que tendrian 10 cuadras entre las dos.

Fue acá que entendimos porque nos habían comentado que “en Laos te cobran por todo”, y hasta donde llegaba la veracidad de esa afirmación.

Cuando paseabamos por los alrededores, supimos que había un pueblito cruzando el río que era lindo para conocer. Nos pusimos en camino, y cuando llegamos al extremo del puente, TE COBRABAN PARA PASAR. Había precio caminante, ciclista y motoquero. Y ni se te ocurra perder el ticketcito porque toca pago doble!

Lo que mas nos molestó fue que para ir a la mayoría de los lugares, o en realidad a todos, era necesario ir en moto… Porque todo quedaba bastante alejado. Y con el temita de la lluvia insistente, los caminos de tierra (que eran mayoría) eran puro barro e inestabilidad.

Soy bastante miedosa con el tema de las motos, varias malas experiencias familiares. Asique visto y considerando las condiciones de la situación desistimos de ir a conocer los lugares alejados.

Paréntesis: El último día en el hostel, vimos que una pareja que había alquilado el día anterior había tenido un accidente. Ella tenía vendado el tobillo y el toda la pierna y el brazo con un raspón muy feo.

Finalmente, decidimos ir a un mirador que quedaba a algo asi como 4 kilómetros. Nos pareció que dentro de todo era cerca y emprendimos la caminata (los dos somos asiduos caminantes).

Cuando llegamos a la ruta que nos llevaría a nuestro destino, el sol decidió salir con su máximo esplendor. ¿Vieron esas imagenes de gente perdida en el desierto caminando? Bueno éramos nosotros.

No, mentira, sí hacía mucho calor, y sí, el camino se nos hizo larguísimo! De hecho, nos perdimos. Como en general no compramos SIM CARD, usamos el google maps sin conexión, el pobre gps se mareó y terminó enviándonos a cualquier lado!!!

Igual, el instinto siempre gana… y logramos llegar a la entrada a la montaña-mirador. SI, como les dijimos, todo te lo cobran asique tuvimos que pagar entrada para subir la montaña a ver el atardecer.

Nunca subestimen el poder de una montaña, había un aviso para las personas que tuvieran problemas cardíacos o exceso de peso. Pensamos que era una exageración, NO LO ERA. Fue todo un desafío llegar a la cima! Agradecimos haber hecho en su momento el Camino del Inca, que nos preparó para subidas complicadas.

Aunque en este caso, era mas difícil porque no contábamos con escalones, había que ir agarrandose de algunos arboles, porque además, por la lluvia (si, estúpida lluvia), la tierra estaba blandita y se movía.

Tenías que subir por una escalera de madera rota, y pasar por unas piedras pinchudas (Indiana Jones un poroto, chicos!) y llegabas al tan esperado mirador. Como suele sucedernos, no era un desperdicio TUVIMOS UNA VISTA IMPRESIONANTE, y nos regaló un atardecer inolvidable!

Bajamos rápido porque se venía la noche y no había iluminación y deshicimos todo el camino andado.

Qué aprendimos? Que es importante confiar en el instinto, muchas veces es más inteligente que cualquier GPS, y a veces te podes ahorrar uno o dos accidentes.

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