Experiencia religiosa en el Monasterio Budista.

Ni Joaco, ni yo somos personas muy espirituales que digamos. De hecho, nos peleamos en el podio para ver quién es más ansioso e histérico (y adicto a estar conectado con el mundo). Aunque cada uno por diferentes motivos y características.
De todas formas, ambos quisimos saber de qué se trataba esto, una especie de retiro espiritual por 4 días en un Monasterio Budista en el medio de la montaña al norte de Tailandia.

Nos enteramos de su existencia por una viajera Argentina que conocimos en el hostel de Chiang Mai. Nos contó cuánto le gusto lo que vivió y que encima era gratuito, lo único que tenías que hacer era una donación a voluntad.

Imaginense! Con ese dato, se nos prendieron todas las luces de emergencia en nuestro cartel mental de MODO AHORRO MOCHILERO, y salimos corriendo hacia allá. Ojo, no nos tilden de ratas (o sí, como quieran), no lo somos y de hecho siempre fuimos todo lo contrario. Pero en el afán de que nuestro viaje dure un ratito más, uno aprende a aprovechar todas las oportunidades que se le presentan.

Nos tomamos una camioneta taxi en Pai, y nos fuimos al retiro. Cuando llegamos, tenías que hacer una especie de check in, como si fuera un hotel. Nos preguntaron si teníamos ropa blanca, en caso que no, te proveían toda una vestimenta blanca (todos tapados).

Una vez que ya estábamos apropiados para la situación, nos invitaron a acomodarnos en los dormis. Claro, siempre separados, hombres y mujeres no pueden dormir en el mismo lugar. Esa, era una de las tantas reglas que había en el monasterio.

No podías hablar fuerte, ni hacer ruidos molestos. Hombres y Mujeres no pueden tocarse, y de hecho, podíamos hablar pero solo hasta las 20 hs. Luego cada quien debía retirarse a su cuarto.

En el comedor había mesas silenciosas, en las cuáles uno podía elegir sentarse si no quería que le hablen, e incluso podías realizar toda la experiencia en silencio. Te ponían un cartelito de SILENT, y todos sabían que no ibas a dirigirles la palabra (aunque vimos a más de uno fracasar estrepitosamente).

Teníamos una rutina diaria que consistía en: Despertarse a las 5.30 am para practicar la meditación (no vi a nadie despertarse a esa hora). Después a las 6, era la ofrenda a los monjes ( que se hacía dos veces por día en las comidas). Nos hacían ponernos de rodillas en una fila con un plato de arroz en la mano, y esperar a que pasaran los 8 o 9 monjes que eran, para ir depositando en sus vasijas una cucharada de arroz. Luego, sí, por fin, el desayuno y a practicar meditación.

Una de las meditaciones era caminando, era lo más lindo del mundo. Salir a recorrer el hermoso lugar, tratando de que la mente no se pierda y se concentre en el lugar y lo que hacías. Lo que no era para nada lindo, y esto se los cuento para que lo tengan en cuenta si les toca y NO LO HAGAN…

En este tipo de meditación, nada tiene que ver la velocidad de la caminata. Teníamos un par de compañeros que se creían muy místicos por ir caminando de a un centímetro a la vez, y lo único que ganaban era que todos los que estábamos atrás estuvieramos muy incómodos sin poder concentrarnos, porque teníamos que estar cuidándonos de no chocar al que estaba enfrente.

NO SE ALCANZA EL NIRVANA POR IR EN SLOW MOTION. Camine normal, y esté presente en su mente. No se puede dar un mejor tip.

Meditando en un templo Budista

En fin, mucha meditación en sus diferentes formas y colores, que nos llenó el alma de paz.

Lo que mas nos asustó al principio, fue enterarnos que solo eran dos comidas. El desayuno a las 6 am, y el almuerzo a las 11. Los dos somos gorditos de alma y comemos casi todo el día, y a pesar de que con el viaje bajamos mucho las cantidades nos pareció demasiado.

Con esa noticia, yo lo único que veía en mi mente era el mal humor de Joaquin cuando a las 18 hs estuviera muerto de hambre (es la persona mas molesta del mundo de mal humor por hambre!!).

La verdad es que no fue tan grave, además nos habíamos preparado e íbamos llenos de provisiones. Con decirles que era todo VEGETARIANO, y nosotros nos llevamos como 3 latas de atún… (con hambre no se puede pensar!)

Había bastante actividad durante el día por lo que te mantenían muy entrentenido. Había un tiempo que era para ayudar con las cosas del monasterio, como limpiar, cocinar, barrer las hojas en el parque, y así todo lo que pudiera aportar. De nuevo, siempre están los que se hacen los vivos y se escondían en los dormis para no hacer nada. Es una hora chicos, nadie se murió por trabajar una hora (o si?)

Después de la meditación de dos horas de la tarde, teniamos tiempo libre hasta las 20 hs, y ahí de nuevo a dormir. Los monjes siempre estaban dispuestos a contestar preguntas después de las meditaciones.

Aunque las mujeres no podían hablarles directamente sin que ellos te dieran esa autorización!

Había uno, que era como el jefe de los monjes, que se la pasaba sonriendo y contándonos chistes. Fué él el que nos regaló unas pulseritas a Joaco y a mi el día que nos fuimos (que todavía llevamos con nosotros!)

La experiencia en si fue increible, siempre vamos a llevar las enseñanzas con nosotros, y nuestras almas quizás un poquito mas calmas.

Aprendimos que uno puede adaptarse a cualquier cosa, siempre que tenga voluntad; que de vez en cuando es NECESARIO desconectarse de todo y volvarse hacia uno mismo. Pero sobre todo aprendimos que nuestra intolerancia hacia el egoismo y la boludez de la gente es MUY GRANDE, y que nos tendríamos que quedar un mes para aplacarla.

2 comentarios en “Experiencia religiosa en el Monasterio Budista.”

  1. Hola chicos. Cómo están? Realmente increíble todo lo que cuentan. Yo voy a hacer un viaje a Talandia solo y me gustaría saber la ubicación de este monasterio que cuentan. Gracias desde ya .

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